Qué hacer en Melgaço: mi escapada al Oca Grande Hotel do Pezo entre termas, vino y aventura
Hay destinos que aparecen casi por casualidad y terminan convirtiéndose en uno de esos lugares a los que sabes que volverás.
Eso fue exactamente lo que me pasó en Melgaço, uno de los municipios del norte de Portugal, a apenas una hora de Vigo y rodeado por algunos de los paisajes más chulos bañados por el Rio Miño.
Reconozco que llegué con la idea de disfrutar de un fin de semana tranquilo. Un hotel nuevo, unas termas históricas y alguna visita puntual.
Pero Melgaço tenía muchas más cosas que hacer.
En mi cuenta de Instagram también voy compartiendo cada día lugares y recomendaciones de lo más variado, así que dadle un vistazo y consultadme todo lo que necesitéis.
En apenas unos días descubrí un castillo medieval, probé algunos de los mejores vinos Alvarinho de Portugal, recorrí el río Miño haciendo rafting y canoa, paseé por un parque termal centenario y confirmé algo que ya intuía: el norte de Portugal nunca deja de sorprender.
Si estás buscando una escapada diferente desde Galicia, donde combinar descanso, gastronomía, naturaleza y experiencias, sigue leyendo porque creo que Melgaço puede convertirse en uno de tus próximos destinos.
Dormir en un hotel con más de un siglo de historia
La idea inicial del viaje era conocer y descansar en el Oca Grande Hotel do Pezo, un hotel que acaba de reabrir sus puertas hace unos meses tras una profunda rehabilitación y que, desde el primer momento, consigue transmitir que aquí la historia sigue viva.
Nada más llegar ves que no estas entrando en un hotel cualquiera.
La elegante fachada, perfectamente restaurada, recuerda al antiguo Grande Hotel do Pezo, inaugurado a principios del siglo XX, cuando Melgaço vivía su gran época dorada gracias al auge del turismo termal.
Durante décadas, viajeros portugueses y españoles llegaban hasta aquí atraídos por la fama de las aguas mineromedicinales de las Termas de Melgaço.
El hotel Grande Hotel do Pezo, era uno de los grandes símbolos de aquella época de esplendor, acogiendo a familias acomodadas que buscaban descanso, salud y largos veranos rodeados de naturaleza.
Con el paso del tiempo el edificio quedó abandonado, pero hoy vuelve a recuperar todo su protagonismo convertido en un moderno hotel de cuatro estrellas que ha sabido mantener la esencia de su pasado.
Y eso es precisamente lo que más me gustó.
Por fuera el Grande Hotel do Pezo, toda la personalidad de un edificio histórico, mientras que por dentro sorprende con un diseño contemporáneo, espacios muy luminosos y habitaciones amplias donde resulta muy fácil desconectar desde el primer momento.
Un hotel pensado para disfrutar sin prisas
Hay hoteles que utilizas únicamente para dormir. Y otros que invitan a quedarse unas horas más. El Oca Grande Hotel do Pezo pertenece a este segundo grupo.
Las habitaciones son cómodas, modernas y muy luminosas. En mi caso agradecí especialmente la tranquilidad del entorno y una habitación con terraza junto al jardín.
Aquí no hay ruido de ciudad. Solo jardines, árboles y el silencio que caracteriza esta parte del norte de Portugal.
Otro de los grandes atractivos del hotel es su zona wellness. Después de un día recorriendo Melgaço, poder relajarse en la piscina climatizada o disfrutar de la sauna es un auténtico lujo.
En verano, además, la piscina exterior y las amplias zonas ajardinadas hacen que resulte una idea perfecta dedicar una tarde simplemente a descansar bajo el sol.
Yo dormí una siesta maravillosa y luego un chapuzón que me sentó de lujo.
Es un alojamiento perfecto tanto para una escapada romántica como para un viaje en pareja, con amigos o incluso en familia.
Pero si hay algo que realmente marca la diferencia es su ubicación con lugares cercanos muy intersantes.
Despertar junto a las Termas de Melgaço
Uno de esos pequeños lujos que solo descubres cuando llegas es que las Termas de Melgaço están literalmente al lado del hotel.
No hace falta coger el coche, caminando son menos de cinco minutos.
Basta con cruzar el parque para encontrarse rodeado de árboles centenarios, senderos y uno de los complejos termales con más historia del norte de Portugal.
Fue precisamente hasta allí donde me dirigí después del desayuno para disfrutar de las termas y un super masaje.
En esta ocasión disfrute del pack Momento Termal, tienes varios diferentes para elegir.
Y creo que no podía haber empezado mejor el día.
Las Termas de Melgaço, mucho más que un balneario
Hay lugares que transmiten calma nada más poner un pie en ellos. Las Termas de Melgaço son uno de esos sitios.
El complejo está rodeado por el precioso Parque do Peso, un espacio verde donde desconectar, pasear o tomar algo en su bar junto al lago artificial.
Todo invita a caminar despacio, respirar y disfrutar del entorno.
Las propiedades de estas aguas mineromedicinales comenzaron a hacerse famosas durante el siglo XIX y, poco después, Melgaço empezó a recibir visitantes de todo Portugal y también de Galicia atraídos por sus beneficios para la salud.
Aquella creciente popularidad fue precisamente la que impulsó la construcción del antiguo Grande Hotel do Pezo, creando un conjunto donde alojamiento y termalismo iban completamente de la mano.
Hoy el balneario continúa ofreciendo tratamientos de bienestar y programas termales, pero también se ha convertido en un lugar ideal para pasear, desconectar y conocer una parte muy importante de la historia del municipio
La Buvette, una joya escondida entre los jardines
Si hay un edificio que llama especialmente la atención dentro del recinto es la Buvette.
Nada más verla entendí por qué se ha convertido en uno de los grandes símbolos de Melgaço.
Su estructura de hierro y cristal, inspirada en la arquitectura termal europea de principios del siglo XX, protege la histórica Fonte Principal, donde durante décadas los visitantes acudían a beber las aguas mineromedicinales siguiendo la tradicional cura hidropínica.
La luz entrando por las cristaleras, el sonido del agua y la tranquilidad del parque crean una atmósfera muy especial.
Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos, observar cada detalle y pensar en la cantidad de personas que han pasado por aquí buscando salud y descanso durante más de cien años.
Aviso : Si está cerrado podéis pedir la llave tanto en el bar que está enfrente como en el balneario.
Visitar Adega Soalheiro, una de las bodegas más importantes de Portugal
Si hay algo que identifica a Melgaço además de sus termas, ese es el Alvarinho.
Y pocos nombres representan mejor esta variedad que Soalheiro.
La bodega se encuentra a muy pocos minutos del hotel y, si disfrutas del vino aunque solo sea un poco, te recomiendo reservar una visita.
Yo tenía muchas ganas de conocerla y salí con la sensación de haber descubierto mucho más que una simple bodega.
Desde el primer momento se percibe que aquí el vino forma parte de la identidad del territorio.
La historia de Soalheiro comenzó en 1974, cuando João António Cerdeira decidió plantar la primera gran viña continua de Alvarinho en Melgaço, revolucionando para siempre la viticultura de la zona.
Hoy, tres generaciones después, la familia sigue elaborando algunos de los vinos blancos más prestigiosos de Portugal.
Durante la cata probé unos cuantos y me encantó la experiencia, también aproveché para traerme algunos para casa.
Una visita que va mucho más allá del vino
Lo que más me gustó de la visita fue que no se limita a explicar cómo se elabora un vino.
Es una auténtica inmersión en el paisaje, el clima y la cultura de esta parte del Alto Miño.
Durante el recorrido descubres cómo las montañas protegen los viñedos, cómo influye el clima atlántico en la maduración de la uva y por qué el Alvarinho de Melgaço posee una personalidad tan marcada.
La experiencia termina, como no podía ser de otra manera, con una cata donde cada copa ayuda a comprender mejor todo lo que acabas de aprender.
Y si eres como yo, de los que disfrutan descubriendo vinos en el propio lugar donde se producen, te recomiendo la visita.
Qué ver en Melgaço: un destino que invita a descubrirlo sin prisas
Después de la visita a Soalheiro decidí acercarme al centro histórico. Una de las cosas que más me gusta cuando viajo es olvidarme un poco del mapa e ir un poco sin rumbo.
Y Melgaço es uno de esos lugares donde hacerlo merece la pena.
Aunque no es una villa muy grande, tiene ese encanto de los pueblos con historia, donde cada rincón parece guardar algún recuerdo de su pasado fronterizo.
Las calles empedradas, las fachadas de granito, las pequeñas plazas y el ambiente tranquilo hacen que el paseo sea muy agradable.
Además, se nota que aquí el turismo convive con la vida cotidiana. No es un lugar masificado y eso, al menos para mí, siempre suma.
El Castillo de Melgaço, el mejor mirador de la villa
Uno de los lugares imprescindibles es el Castillo de Melgaço, construido en el siglo XII por orden de Afonso Henriques, el primer rey de Portugal, para defender esta estratégica frontera con el antiguo Reino de León.
Subir hasta la Torre del Homenaje merece completamente la pena.
Desde arriba hay panorámica del casco histórico, el valle del río Miño y las montañas gallegas que están justo enfrente. Es uno de esos lugares donde resulta fácil comprender la importancia que tuvo Melgaço durante siglos como territorio fronterizo.
Mi consejo es visitarlo a primera hora de la mañana o al final de la tarde, por si os coincide con la puesta de sol.
Espaço Memória e Fronteira
Si hay una visita que puede ser diferente en Melgaço es el Espaço Memória e Fronteira.
No es el típico museo donde simplemente observas vitrinas.
Aquí se cuenta la historia de miles de personas que vivieron durante décadas entre dos países, marcada por la emigración, el contrabando y una frontera que durante mucho tiempo condicionó la vida de quienes habitaban ambas orillas del Miño.
Mientras recorría las salas pensé en cuántas historias similares existen también en Galicia. Es imposible no establecer ese vínculo entre ambos territorios, que comparten mucho más que una frontera.
Es una visita muy recomendable para comprender el alma de Melgaço.
Brindar con un Alvarinho en su lugar de origen
Si visitas Melgaço, hay una experiencia que no puede faltar: disfrutar de un buen Alvarinho.
Aquí el vino forma parte de la identidad local. No solo en las bodegas, sino también en los restaurantes, las tabernas y las conversaciones de sus vecinos.
Además de Soalheiro, merece la pena acercarse al Solar do Alvarinho, un espacio dedicado a promocionar los vinos de la subregión de Monção y Melgaço, donde es posible descubrir diferentes productores y realizar degustaciones.
Es una magnífica oportunidad para comprobar cómo una misma variedad puede ofrecer perfiles muy distintos según la elaboración de cada bodega.
El río Miño desde dentro: una experiencia que recordaré durante mucho tiempo
Pero si queréis vivir una aventura diferente y cambiar las calles por el agua, os recomiendo bajar al Miño
Es genial descubrir el río Miño desde una perspectiva diferente.
Muchos viajeros conocen el Miño por sus paseos fluviales o por las vistas desde sus miradores. Sin embargo, navegar por él permite descubrir un paisaje completamente distinto.
Desde el agua todo cambia.
Los bosques de ribera parecen más salvajes, las montañas se acercan y el sonido del río es una pasada.
Este año, además, tengo el enorme privilegio de haber sido nombrado Embajador del Río Miño por la AECT Río Miño, dentro del programa «Vive o Río Miño ao Máximo«.
Es un reconocimiento que me hace muchísima ilusión porque llevo años recorriendo y compartiendo este territorio desde Alvientooo. Poder contribuir ahora a mostrar todo lo que ofrece este río que une Galicia y Portugal supone una responsabilidad, pero también una enorme satisfacción.
Rafting con Melgaço Radical
Una de las actividades que más disfruté fue el rafting con Melgaço Radical.
Aunque pueda parecer un deporte reservado para los más aventureros, la realidad es muy distinta.
Los rápidos del tramo donde se desarrolla la actividad tienen un nivel accesible para la mayoría de las personas, por lo que resulta perfecto incluso si nunca has practicado rafting.
Lo mejor es el equilibrio entre diversión y naturaleza.
Hay momentos de adrenalina, risas y chapuzones, pero también otros mucho más tranquilos en los que los guías aprovechan para explicar la fauna, la vegetación y algunas curiosidades sobre este paisaje fronterizo.
Fue una de esas experiencias que consiguen que desconectes completamente durante unas horas.
Las fotos de esta aventura de rafting son del fotógrafo portugués Patrick Esteves, asi que gracias por prestármelas.
Mucho más que aventura
Además del rafting, Melgaço ofrece una enorme variedad de actividades para quienes disfrutan del turismo activo.
Senderismo, bicicleta de montaña, kayak, barranquismo, observación de aves o rutas por el Parque Nacional Peneda-Gerês convierten este destino en uno de los más completos del norte de Portugal.
Lo mejor es que cada viajero puede adaptar la experiencia a su ritmo.
Hay opciones para quienes buscan adrenalina y también para quienes simplemente quieren caminar entre bosques o disfrutar del paisaje
Comer en Melgaço
Después de tantos planes siempre llega el momento darle alegría al paladar.
La cocina de Melgaço mantiene la esencia de la gastronomía tradicional del Alto Miño.
Durante los días que estuve en Melgaço pude disfrutar de excelentes carnes, embutidos, quesos, bacalao y, por supuesto, del imprescindible cabrito, uno de los grandes protagonistas de la cocina local.
Todo acompañado de un buen Alvarinho, que aquí sabe todavía mejor.
Es una gastronomía sencilla, basada en el producto y en el respeto por la tradición. Justo el tipo de cocina que más me gusta descubrir cuando viajo.
Mi recomendación sobre Melgaço: un destino para volver
Cuando preparaba este viaje pensaba que Melgaço sería una escapada agradable para desconectar un fin de semana.
La realidad superó completamente mis expectativas.
Encontré el hotel Grande Hotel do Pezo que recupera parte de la historia del municipio, unas termas centenarias rodeadas de naturaleza, una de las bodegas más prestigiosas de Portugal, un casco histórico lleno de encanto y un río que ofrece experiencias para todos los gustos.
Pero, sobre todo, descubrí un destino auténtico.
De esos que todavía conservan la tranquilidad, la hospitalidad de su gente y la sensación de que formas parte del lugar desde el primer momento.
Si buscas una escapada diferente desde Galicia o quieres descubrir uno de los rincones más especiales del norte de Portugal, mi consejo es muy sencillo: dedícale al menos dos o tres días a Melgaço.
Alójate en el Oca Grande Hotel do Pezo, pasea por las Termas de Melgaço, descubre la historia de la Buvette, brinda con un Alvarinho en Soalheiro, recorre las calles del casco histórico, acércate a Castro Laboreiro y, si puedes, reserva una mañana para navegar por el río Miño.
Estoy convencido de que, igual que me ocurrió a mí, volverás a casa con la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que todavía conservan su esencia.
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